Hay ciudades que se definen por su monumentalidad, otras por su gastronomía, otras por su historia. Fuengirola se define por su gente, o más exactamente, por la extraordinaria variedad de su gente. En la localidad conviven más de 140 nacionalidades distintas, siendo las más numerosas, tras la española, la británica, la finlandesa, la marroquí, la sueca y la italiana. No es un dato anecdótico, es la clave que explica el carácter único de este municipio de la Costa del Sol, una ciudad donde escuchar cinco idiomas distintos en un mismo paseo por el malecón es algo completamente ordinario.
Cada una de estas comunidades tiene sus razones propias para haber elegido Fuengirola. Razones que, curiosamente, dicen tanto de los lugares de los que vienen como del lugar al que han llegado.
Los británicos: del cielo gris a la terraza permanente
Los británicos son la comunidad extranjera más numerosa de Fuengirola, con más de 5.500 empadronados. Su presencia en la Costa del Sol se remonta a los años sesenta y se ha mantenido con una solidez que ni siquiera el Brexit ha llegado a erosionar del todo. El contraste con su país de origen es el argumento más poderoso, el Reino Unido ofrece calidad de vida, pero un clima que impone sus limitaciones durante ocho o nueve meses al año. En Fuengirola, la vida se desarrolla en la calle, en las terrazas, en la playa. El pub existe y funciona a pleno rendimiento, pero comparte protagonismo con el chiringuito y con el mercadillo del domingo, que en palabras de quienes lo frecuentan no tiene nada que envidiar al Rastro de Madrid. Los británicos han encontrado aquí una versión mediterránea y asequible de la vida que en su país resulta difícil de sostener, especialmente tras la jubilación.
Los finlandeses: una colonia dentro de la ciudad
El caso finlandés en Fuengirola es uno de los fenómenos sociológicos más singulares de toda España. Hay empadronados alrededor de 4.500 finlandeses, pero la Embajada de Finlandia estima que la población flotante asciende a entre 25.000 y 30.000 personas en la Costa del Sol. El barrio de Los Pacos, en la zona norte de la ciudad, es conocido popularmente como «la pequeña Finlandia»: en sus calles hay periódicos en finés, clínicas dentales con rótulos bilingües, cafeterías con rollitos de canela, una iglesia luterana y hasta un colegio cuyo rendimiento académico el Informe PISA sitúa entre los mejores de España.
Finlandia es un país de inviernos extremos, oscuridad prolongada y temperaturas que en enero pueden caer por debajo de los veinte grados bajo cero en buena parte del territorio. La operación de escapar al sur no es nueva, pero en Fuengirola ha adquirido una dimensión casi institucional. Lo que comenzó como turismo estacional se ha consolidado en muchos casos como residencia permanente. De octubre a marzo es cuando más jubilados finlandeses recalan en la ciudad, y gracias a ellos muchos hoteles y restaurantes pueden mantenerse abiertos durante la temporada baja. Su impacto económico en Fuengirola es, en ese sentido, tan real como el de cualquier actividad industrial.
Los suecos: sol, mar y calidad de vida compartida
Los suecos son la cuarta comunidad extranjera de Fuengirola, con casi 2.000 residentes empadronados. Su perfil es muy similar al de los finlandeses: un país desarrollado, con alto nivel de vida, pero con un clima que convierte el Mediterráneo en un destino casi irresistible. Suecia tiene paisajes espectaculares y una calidad de servicios públicos difícilmente superable en Europa, pero sus veranos son breves y sus inviernos, largos y oscuros. Fuengirola ofrece exactamente lo que Estocolmo o Gotemburgo no pueden dar: sol garantizado, playa accesible, una gastronomía generosa y un coste de vida sensiblemente más bajo. Muchos suecos combinan ambos mundos, pasando varios meses en España sin renunciar a sus vínculos con el norte.
Los marroquíes: la orilla de enfrente
La comunidad marroquí es la tercera en número, con casi 2.800 residentes censados. Su presencia responde a una lógica diferente a la de los visitantes nórdicos: no buscan el sol, que también tienen, sino oportunidades laborales y una vida que el norte de África todavía no puede ofrecerles en las mismas condiciones. Marruecos está a menos de una hora en ferry desde Algeciras, lo que hace de la Costa del Sol un destino de proximidad con una inserción progresiva en la sociedad local. La comunidad marroquí de Fuengirola tiene ya décadas de historia, con negocios propios, asociaciones culturales y una integración que se refleja en la vida cotidiana de la ciudad. Su aportación a la gastronomía local, al comercio y a los servicios es parte constitutiva del tejido urbano de Fuengirola.
Los italianos: el sur que reconoce al sur
Los italianos suman casi 1.500 residentes y representan un perfil distinto al del turista nórdico. Italia tiene su propio Mediterráneo, su propio sol y su propia gastronomía de referencia mundial. ¿Qué encuentra entonces un italiano en Fuengirola que no tenga en casa? La respuesta más frecuente combina factores económicos (el coste de vida en la Costa del Sol puede ser inferior al de muchas ciudades italianas) con una calidad de vida que incluye infraestructuras modernas, seguridad y una sociabilidad que los italianos reconocen y valoran porque se parece a la suya. El ambiente mediterráneo de Fuengirola resulta familiar para quien viene de Nápoles o de Sicilia, pero con el atractivo adicional de la novedad y de un mercado inmobiliario que, hasta hace pocos años, ofrecía precios francamente competitivos.
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