Fuengirola ocupa una posición privilegiada en la Costa del Sol para quienes quieren combinar playa, ambiente urbano y excursiones. Su situación permite llegar en poco tiempo tanto a grandes centros turísticos del litoral como a pueblos blancos y localidades del interior. No es necesario recorrer grandes distancias para encontrar paisajes, patrimonio histórico, pueblos tradicionales o algunos de los lugares más conocidos de Málaga.
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Entre las localidades que merece la pena conocer desde Fuengirola hay diez especialmente interesantes.
Mijas es probablemente la excursión más evidente desde Fuengirola y también una de las que mejor permite cambiar completamente de ambiente en pocos kilómetros. Aunque el municipio se extiende hasta la costa, el gran atractivo turístico es Mijas Pueblo, situado en la ladera de la sierra. Sus calles blancas, pequeñas plazas, miradores y casas encaladas ofrecen una imagen muy característica de los pueblos andaluces. Merecen especial atención la ermita de la Virgen de la Peña, excavada en la roca, y los miradores desde los que se contempla la costa. Mijas Costa, por su parte, ofrece playas y núcleos turísticos como La Cala de Mijas. La cercanía convierte a Mijas en una de las visitas más sencillas desde Fuengirola.
Benalmádena reúne en un mismo municipio tres ambientes bastante diferentes: la zona costera, el puerto y el núcleo de Benalmádena Pueblo. Puerto Marina es su imagen más conocida, con embarcaciones, restaurantes y una arquitectura muy particular. En la parte alta aparecen el casco antiguo, el Castillo de Colomares y la estupa budista, mientras que el teleférico permite ascender hacia la sierra y contemplar una amplia panorámica de la Costa del Sol. También cuenta con atractivos familiares como Sea Life.
Torremolinos representa otra cara de la Costa del Sol. Su principal atractivo sigue siendo el litoral, especialmente La Carihuela, pero la localidad también conserva elementos de su historia anterior al gran desarrollo turístico. El paseo marítimo permite recorrer una extensa franja costera y enlaza diferentes playas y zonas de restauración. En el centro, la Torre de Pimentel recuerda el origen defensivo de la población. Torremolinos resulta especialmente interesante para quien quiera conocer cómo evolucionó la Costa del Sol desde el turismo tradicional de sol y playa hasta convertirse en uno de los grandes destinos internacionales españoles. Se encuentra a unos veinte kilómetros de Fuengirola.
Málaga requiere algo más de tiempo, pero es una excursión imprescindible para quien se aloje en Fuengirola durante varios días. La capital ofrece una concentración de patrimonio que no pueden proporcionar las localidades puramente turísticas: la Alcazaba, el teatro romano, el castillo de Gibralfaro y la catedral forman parte de su núcleo histórico. A ello se suma el Museo Picasso, el entorno del puerto, Muelle Uno y una extensa oferta gastronómica y cultural. Es, además, una ciudad que merece una visita incluso para quienes no tengan especial interés por los museos, simplemente por recorrer su centro histórico. Hay que tener en cuenta que esta ciudad, al ser la capital de la provincia y la que mayor oferta de ocio y cultura reúne, puede necesitar de varios días para conocer lo que tiene que ofrecer, aunque si lo que prefiere es un tipo de lugares más pequeños, menos cosmopolitas, entonces la provincia de Málaga no le va a defraudar con una multitud de pueblos realmente considerable.
Marbella es otra de las grandes excursiones del litoral occidental. Más allá de la imagen internacional asociada al lujo y Puerto Banús, conserva un interesante casco antiguo alrededor de la plaza de los Naranjos, con calles estrechas, edificios históricos y rincones que permiten descubrir una Marbella muy diferente de la de los grandes hoteles y urbanizaciones. Sus playas, el paseo marítimo y Puerto Banús completan una visita que combina patrimonio, paisaje marítimo y turismo de alto nivel. Marbella Turismo incluye precisamente Fuengirola, Mijas, Ojén, Benahavís, Estepona y otras localidades entre los destinos próximos a la ciudad.
Alhaurín de la Torre permite alejarse de la imagen estrictamente costera de Málaga. Situado al pie de la sierra, ofrece un paisaje de transición entre el litoral y el interior, con zonas de vegetación mediterránea y espacios adecuados para caminar. Su interés reside sobre todo en disfrutar de un entorno más tranquilo y descubrir una localidad malagueña que no depende exclusivamente del turismo de playa. Es una buena opción para quienes quieran combinar la Costa del Sol con una aproximación al paisaje interior.
Coín supone un paso más hacia el interior y conserva una personalidad propia muy diferente de la de los grandes municipios turísticos. Su casco urbano, las iglesias, las plazas y las calles tradicionales permiten apreciar una Málaga más ligada a la agricultura y a la vida de los pueblos. El entorno natural y la presencia de huertas y cultivos completan una visita especialmente apropiada para quien quiera conocer el interior del valle del Guadalhorce.
Ojén es uno de los pueblos blancos más atractivos del entorno de Marbella y la costa occidental. Se encuentra en la sierra, rodeado de un paisaje mediterráneo que contrasta con la intensa urbanización del litoral. Sus calles estrechas, casas blancas y fuentes conservan el carácter de un pequeño pueblo andaluz. Además, su proximidad a Marbella permite combinar fácilmente ambas visitas: el lujo y el litoral de una y el ambiente serrano de la otra.
Estepona queda algo más lejos, pero merece incluirse entre las excursiones desde Fuengirola cuando se dispone de tiempo. Su centro histórico, con calles blancas adornadas con flores, plazas pequeñas y fachadas cuidadosamente conservadas, es uno de sus mayores atractivos. A ello se suma un largo paseo marítimo, playas y el puerto deportivo. En los últimos años Estepona ha reforzado considerablemente su imagen como destino urbano y cultural, sin perder su relación con el mar.
Benahavís completa esta selección con una propuesta completamente diferente. Situado en el interior, cerca de Marbella, es conocido por su paisaje montañoso, sus rutas y su tradición gastronómica. El municipio conserva el aspecto de un pueblo blanco rodeado de naturaleza y constituye una buena alternativa para quienes prefieren una excursión de montaña antes que otra jornada de playa. Su posición permite además contemplar desde el interior la enorme transformación urbanística de la Costa del Sol.
En conjunto, estas diez localidades muestran hasta qué punto Fuengirola puede utilizarse como base para conocer una parte muy amplia de la provincia de Málaga. En un radio relativamente reducido se encuentran playas, grandes ciudades, puertos deportivos, pueblos blancos, patrimonio histórico y espacios de montaña. Esa variedad es precisamente una de las grandes ventajas de alojarse en Fuengirola pues el visitante no queda limitado al propio municipio, sino que tiene a su alcance una Costa del Sol extraordinariamente diversa.
